miércoles, 2 de octubre de 2013

ALEX DE FLUVIÀ / Inauguración: jueves 26 de septiembre de 2013

En ésta cuarta exposición en la Galería Balaguer, Àlex de Fluvià explora la esencia de lo que es pintar hoy en día. En una era digital, global y de inmediatez, el artista cree aún en la vigencia de la pintura (como acto de valentía) y en la experiencia de enfrentarse con el lienzo en blanco –la idea del vacío en un mundo demasiado lleno- como esencia del acto creativo y su capacidad de sugerir nuevas perspectivas vivenciales.

Pero también en la renovación constante de la pintura mediante todos los elementos extrapictóricos que le hagan falta para conseguir su objetivo. Es por esto que habla de pintura híbrida o ambigua.

En “Oracle”, de Fluvià plantea una exposición abierta a diferentes interpretaciones, en contraste con la última realizada en la Galería Balaguer, “The Big Picture”.

En sus propias palabras:
“El hecho de titular ésta exposición “Oracle” no es fortuito. Uso el Oráculo como figura poética para interpretar y entender el mundo de hoy con todas sus ramificaciones y realidades.
El Oráculo para los antiguos griegos significaba siempre la verdad inamovible, pero sujeta a múltiples interpretaciones. En un mundo tan voluble como el nuestro, el mensaje del Oráculo podría ser interpretado dependiendo del contexto, del interés político, religioso o financiero que hubiera detrás.
(Por eso, los dos primeros cuadros de la exposición están titulados “Oracle A” y “Oracle B”.)
Por otro lado, el Oráculo podría arrojar luz (respuesta) sobre un mundo confuso, en crisis existencial, sin referentes éticos y estéticos y con baja autoestima.
También se podría referir al futuro y aludir a la esperanza que da lo que no sabemos y puede ser.

Por último, el Oráculo simboliza lo mediterráneo que impregna mi obra en su esencia.”




















viernes, 13 de septiembre de 2013

ALEJANDRA ATARÉS / Inauguración: jueves 5 de septiembre de 2013

¿Quién nos da la espalda? Mayormente mujeres, espaldas femeninas cuyo torso indica coraje pese a un horizonte incierto.
Recuerdan a las heroínas con poderes, como si la pintura fuera el medio escogido para destacar sus propiedades mágicas, hipnotizantes, y es que el género de fantasía comienza a inundar la obras más recientes de Atarés, palpándose en los tejidos brillantes que resaltan el lado más matérico (y material) de la pintura. Pese a estar latente en los inicios de su obra, ese intento de huida hacia paisajes prototípicamente exóticos (e intencionadamente resaltando sus clichés) han ido coqueteando con el protagonismo de la figura, hibridándose, mezclándose con ella hasta formar un patchwork de color e intensidad que resalta una búsqueda progresiva de contrastes y explosión plástica.
En una sociedad en la que los brillantes remiten a una cuestión de clase, Atarés desnuda de significado las jerarquías entre materiales, haciendo de todo collage una joya, usando de forma lúdica y atenta materiales que van del óleo al plástico industrial. En el telón de fondo sentimos una evocación a la fascinación nostálgica de la obra de artistas como Joaquim Mir, Anglada Camarassa, (aquellos fondos marinos de una luz electrizante), o los llameantes vestidos de Casas, donde el detalle más mínimo deviene un tesoro.
Lo barroco hace su aparición, pero a su vez, untado de las fragancias de las nuevas divas como Rihanna, Katy Perry y demás iconos del pop/kitsch actual. Pero si miramos por el rabillo del ojo, entre las tupidas capas de pintura (bordados minuciosos) que no descartan una gran variedad de collages plásticos, veremos que tras cada personaje se encuentra casi siempre un horizonte, en el que no tenemos una respuesta clara. Tras la actitud desafiante a veces intuimos incertidumbre, pero afrontada con vitalismo y fuerza.
Y es que la pintura de Alejandra Atarés no entiende de timidez ni de recato.
Ante sus “retratos”, nos sentimos activos, nos entran ganas de rozar, acariciar y acercarnos a sus figuras, en un juego dialéctico donde las distancias entre el espectador; y la obra juegan a entrelazarse.
La obra de Atarés juega desde el descaro a plantear un reverso: no es la pintura quien nos da la espalda sino sus enigmas, que hemos de acercarnos para encontrar.
La mirada que nunca desvelaremos, los rostros (seguramente autorretratos de la propia artista) que esconden su actitud, pero que, a modo de espejo, se reflejan en los paisajes de maravilla (de cuento) que, como espectadores, contemplamos.

Mercedes Mangrané
Junio 2013














ALEJANDRA ATARÉS - Retratos